miércoles, 24 de octubre de 2012

Capítulo tres.



    Salí de la cafetería a las ocho y media de la mañana, después del reencuentro con Joan las ganas de asistir a las clases se habían esfumado asique cogí mi mochila y me marché directo a casa. Durante todo el camino fui preguntándome porque la muchacha había optado por volver con su padre, al parecer algo le habría tenido que pasar con la Sra. Wilson, su encantadora madre. En cierto modo, cuando Joan se marchó pensé que no podría seguir hacia delante, ella era mi único apoyo en la vida y se me estaba marchando, creí que la echaría en falta a cada segundo del día pero conforme pasaron los días me percaté de que estaba equivocado, en ningún momento la estimé, sus besos, sus abrazos, su apoyo,… nada. Nunca recibí una llamada suya, tampoco la deseaba pero sí la esperaba. Habíamos sido pareja durante un largo tiempo, y un mensaje de texto tampoco habría estado nada mal para no perder el contacto, como nos había pasado.

      Llegué al edificio en cuestión de minutos, la cafetería se encontraba a tan solo dos manzanas de mi hogar. Monté en el ascensor camino del tercer piso, nunca solía cogerlo pero aquel día nadie estaba en su sano juicio, cuando las puertas de este se abrieron de par en par quedé perplejo al descubrir que Nicki se encontraba en el rellano, esperando. Estaba nervioso, las manos me empezaron a sudar y mis piernas temblaban de tal forma que a duras penas podía caminar. Ella pareció percatarse de mi presencia y se giró para observarme, sonrió de tal forma que sentí que las cuerdas del montacargas se partirían y que yo caería en un oscuro y vacío túnel.   
   
           -Hola. -Dijo con su dulce voz.
           -Hola Nicki, ¿qué haces... -Y entonces ella me interrumpió con voz ronca.
           -Lo siento, yo... No debería de haber venido.-Agachó la cabeza y comenzó a andar hacia la escalera. La agarré de la mano interrumpiendo su huida y con un suspiro se echó a mis brazos ahogándose en un mar de lágrimas.
            
      El corazón me dio un vuelvo y la abracé con tanta fuerza, aunque a su vez con tanta suavidad, que creí asfixiarla, pero no, ella me agarraba con más fuerza hundiendo su cara en mi cuello. No llegaba a entender el por qué de tanto llanto pero no pregunté, solo seguí dándole lo que ella en ese momento necesitaba, compañía.

      Tras unos minutos se separó apenas tres centímetros de mí y me miró a los ojos con sus delicadas mejillas sonrojadas, no dijo nada, tan solo sonrió.

                                                                         *

      Pasado ese hermoso momento, Nicki y yo entramos en mi pequeño apartamento para refugiarnos del frío. Allí estaba Jacob esperándonos, moviendo el rabo de un lado a otro y saltando sobre ella.

           -Hola Jake.-Dijo con voz juguetona mientras reía y acariciaba su lomo.-Tienes un perro precioso, ¿sabes?
           -Sí, es lo más bonito que tengo.-Me puse en cuclillas frente al cachorro y de un empujón me tiró al suelo. Nicki se echó a reír mirándome y yo, vengativo, tiré de su brazo haciendo que callese sobre mí.
           -¡Eh! Yo no he sido la que te ha tirado.-Dijo entre risas.
           -Pero te has reído, eres cómplice.-Me miró sacando la lengua y seguidamente me mordió en la punta de la nariz.
           -Te lo mereces.
           -Ahora verás...-Comencé a hacerle cosquilla y para mi sorpresa ella ni se inmutó, tan solo me miró alzando su ceja izquierda.
           -Has fallado.-Se rió malvadamente y metió sus manos gélidas bajo mi camiseta haciéndome gritar, me aparté de un salto y ella, riendo, rodó por el suelo de madera hacia mí.- ¿Están fresquitas?
           -Eres mala, muy mala.-La miré mal pero no pude evitar echarme a reír.

      Pronto llegó la hora del almuerzo y tras mucho insistir conseguí convencer a Nicki para que se quedase a dormir. Apenas acababa de empezar a cocinar cuando tocaron a la puerta.

           -Yo abro.-Dijo Nicki dirigiéndose hacia la puerta principal. Al abrir se encontró de cara a Cameron que se encontraba con los ojos cerrados, bailando en el rellano y con los cascos puestos.
           -¡Qué pasa tiiii..!-Al abrir los ojos y verla a ella se quedo quieto, con la boca abierta y el puño en alto.- Hostia, una tía.
           -Nicki, si no te importa.
           -Cameron.-Cogió su mano y la besó inclinándose exageradamente.- A su disposición señorita.
           -Tío no la intimides, pareces un psicópata.-Ella rió melodiosamente mirando a mi compañero a los ojos.
           -¿Qué pasa?¿Te da envidia?-Se acercó y golpeó mi hombro con su puño riendo.
           -Callate.-Cogí un puñado de harina y lo lancé a su cara. El comenzó a toser y corrió hacia el baño gritando.
           -¡Capullo!-Nicki se echó a reír y se acercó a mí sonriente.
           -No tienes remedio.-Susurro a mi oído y seguidamente beso lentamente mi mejilla.

      Nos miramos fijamente durante un instante y algo se movió dentro de mí. Esos ojos tan bellos y profundos decían tanto y a la vez tan poco. La tentación pudo conmigo y agarrando suavemente su barbilla con dos de mis dedos, la besé. Ella se agarró a mi camiseta pegando su cuerpo al mío besándome intensamente, como nunca nadie lo había hecho. Quería abrazarla, hacerla mía y que nada ni nadie la quitase de mis brazos jamás.

           -Bueno, no os preocupéis por mí eh.-Nicki separó sus labios de los míos sonreidno y ambos miramos a Cameron que se encontraba acomodado en el sofá de cuero frente al televisor.
           -Eres un pervertido.-Rió encendiendo la televisión y acarició a Jake.
           -Lo sé.

                                                                       *

      Entre unas cosas y otras la noche calló. Llevábamos horas tumbados en el sofá viendo películas antiguas y comiendo palomitas. Cameron se había marchado a casa de Dylan junto a Cole a beber cerveza y a fumar, hace apenas un año yo me habría ido con ellos sin pensarlo dos veces a colocarme, a olvidarme del mundo, a llamar a tías y a acostarme con ellas pero ya no, lo que hacían me parecía repugnante y desagradable, al igual que lo hubiese hecho yo anteriormente. Ya me sentía bien conmigo mismo, hacer lo que realmente me gustaba y me apetecía, sin pretender aparentar lo que nunca he sido.

           -¿En qué piensas?-Dijo Nicki dulcemente entrelazando los dedos de nuestras manos.
           -En el pasado, en el presente...-Posé mis labios sobre su frente y susurré.-En el futuro.
           -¿Y cuál de esos es el que te tiene tan preocupado?
           -Ninguno.-Sonreí mirándola a los ojos y ella, acercándose, me besó.

      Ese momento era perfecto, la quería para mí y para nadie más. En un movimiento ágil se sentó sobre mi regazo pegando su pecho al mío, fundiéndonos en un beso. Las yemas de sus dedos se deslizaban por mi cuerpo, ansiosas por más. Tímidamente comencé a acariciarla, seguidamente sentí como su respiración se agitaba, sus manos se descontrolaban y sus labios engullían los míos. Nuestros cuerpos acabaron desnudos, incandescentes, deseosos y sin más, sucedió.

      No existía ella.
   
      No existía yo.

      Eramos una sola personas, un nosotros.


    

viernes, 13 de enero de 2012

Personajes.


                                             Joan.

Capitulo dos.



     Pasaron varios días y Nicki no apareció por la cafetería ni por el instituto. Anhelaba su dulce voz y ese aroma a jazmín que tanto me gustaba. ¿Dónde estaría? El tiempo se hacía eterno sin su presencia.

     Serían las seis de la tarde cuando salí a pasear junto a mi perro, Jacob. Le encantaba corretear por el parque asique cada tarde lo llevaba a uno cercano a mi casa. Corría sin descanso y yo aprovechaba para ensayar con la guitarra, aunque de vez en cuando se tumbaba cerca de mí para escuchar mis melodías. Yo nunca le prestaba mucha atención ya que él se divertía y el chasqueo de las hojas a su pasada me confirmaban que estaba bien. Comencé a tocar la guitarra cerrando los ojos, eso me ayudaba a concentrarme, me sumergí en mi propio mundo de diferentes sintonías, fa, sol, mi, la,… Tuve que agudizar el oído para comprobar si Jake seguía correteando por allí pero un silencio abrumador envolvía el nevado parque.

-              -  ¿Jake? – Silencio- Jacob ven – Probé a silbar un par de veces pero el cachorro no daba señales de vida.  Me levanté para echar un vistazo general a mi alrededor pero nada, no estaba.- ¡Jacob! –Comencé a caminar buscando alguna pista de su paradero, mirando detrás de cada roca y hallé una posible opción.- Dios mío. – Un enorme lago abarcaba gran parte del lugar. Estaba congelado, sí, pero alguna de sus partes estaban rotas. Corrí hacia allí desasiéndome de la chaqueta, de la sudadera y de los zapatos, me dispuse a saltar al gélido líquido pero una voz me lo impidió.
-             - ¡Nathan no! – Esa voz me era de lo más familiar. Fina, dulce y muy femenina. Nicki. Giré bruscamente la mirada hacia ella y allí estaba, relucientemente perfecta y a su lado Jacob. Lo ojos se me llenaron de lágrimas y por un momento pensé que empezaría a llorar como un bebe de un par de meses.
-            - ¡Jake! Ven – Silbé un par de veces y el joven perro corrió hacia mí con todas sus fuerzas. Me agaché para abrazarlo y el saltó sobre mí tirándome al suelo.- ¿Dónde te habías metido granujilla? –Juguetee durante unos instantes con él y luego me incorporé para mirar a la muchacha.
-            - Siento haberlo entretenido. Lo vi correteando por ahí y no soporté la tentación de jugar con él.- Sonrió tímidamente y luego echó una corta ojeada a mi aspecto.- ¿Pensabas saltar a por él?
-            - Por supuesto. – Cogí mi ropaje y volví a vestirme, agradecido por el gran calor que desprendía mi chaqueta.- Es mi perro. – Ella sonrió ampliamente y se acercó hasta donde yo me encontraba, alzó una mano y sacudió las hojas secas de mi abrigo. Levanté la vista encontrándome de lleno con sus ojos, esos grandes y penetrantes ojos verdes, y me quede ahí quieto observándola, perdiéndome en sus ojos. Ella tampoco  hizo nada para acabar con esa situación solo sonrió, mostrando unos blancos y relucientes dientes que podrían iluminar toda la ciudad.- ¿Dónde has estado? No te he visto aparecer por el instituto.
-          - Nathan.. – Su voz fue interrumpida por el sonido de un teléfono, el suyo. Cuando miró la pantalla noté como la tristeza invadía su cuerpo. No contestó, solo mantuvo el aparato en su mano hasta que la llamada acabó.- Tengo que irme.
-          - Pero Nicki, ¿qué pasa? – No obtuve respuesta a mi pregunta, ella solamente se giró y comenzó a andar, rumbo a nosedonde.

       Al caer la noche, Jacob y yo salimos de aquel blanca, aunque ahora oscuro, parque. Llevábamos allí toda la tarde y tras el susto que me llevé y la marcha de Nicki, no pude permanecer más tiempo en aquel lugar.

      Durante el camino fui tatareando una nueva melodía que se me vino a la cabeza la mañana que la conocí. Sonaba como un canto de sirena, tan dulce y bello como esta misma. No pude evitar pensar en aquella chica, realmente nunca había sentido nada parecido por otra persona, no en tan corto tiempo. A penas había tenido tiempo para mantener una conversación estable con ella, eso era lo que necesitaba, tiempo.

     Llegué a casa después de un largo paseo junto a mi cachorro, tenía las piernas agarrotadas y los músculos de todo mi cuerpo continuaban contraídos a causa del gélido frio que hacía en el exterior de mi humilde madriguera. Me dirigí directamente a la cocina, sentía la necesidad de preparar una deliciosa aunque sana cena. Por suerte ya no vivía con papa, me marché de esa asquerosa jaula hace apenas un año, cuando a Eric, mi padre, se le ocurrió abofetearme en una de sus muchas borracheras. Nunca pensé en denunciarlo, estar solo es mucho peor que vivir el resto de tu vida entre barrotes. No lo odiaba, tampoco lo quería, solo hacía como si nunca hubiese existido en mi vida, como si yo hubiera nacido por arte de magia. Sin embargo, a Lara, mi amada madre, si que la quería y la echaba mucho en falta, sin ella todo era diferente, triste. Cuando yo era pequeño mama solía contarme cuentos y cantarme lindas canciones, de ahí mi aspiración hacía la música, cuando toco la guitarra noto que el mundo cambia, es mejor, mi vida es mejor. Pero cuando la balada cesa vuelvo a un estúpido mundo sin sentido en el que yo no pinto nada, un mundo que hubiese sido mejor si yo nunca hubiera existido.

-           - Ya está. – El cuerpo empezaba a pesarme, la tristeza iba invadiendo todas mis terminaciones nerviosas. Tuve que apoyarme en la encimera y cerrar los ojos con fuerza para no caer desplomado en el suelo.- No más cuentos, esto es la vida real.

       Las ganas de cocinar se habían esfumado en cuestión de segundos asique opte por abalancharme sobre el sofá, encender la televisión y olvidarme de todo por unos instantes. Jacob estaba tumbado a mis pies durmiendo profundamente y quitándome gran parte de mi espacio, cuando un extraño ruido lo despertó haciendo que este se pusiera en pie y caminara hasta la puerta gruñendo.

-          - ¿Qué pasa Jake? – Me levanté y caminé tras el intentando calmarlo. Posé mi ojo sobre la mirilla de la puerta pero no había nadie, seguí observando en espera de que algo pasara. Nada ocurrió, abandoné la posición y me dirigí de vuelta al sofá.- Venga Jake, ahí no hay nadie.- De repente aporrearon la puerta. Noté como el pulso se me aceleraba, ¿quién diablos sería a las once de la noche?, volvieron a golpear la puerta.
-          - ¿Nathan? - No podía ser posible.- Nathan tío, ¿estás ahí?- Me dirigí hacia la puerta y la abrí con gesto resignado.
-          - Cameron, ¿Qué coño haces aquí?- Esté se coló en mi casa dejando unas bolsas sobre la mesa de café y una enorme mochila en el suelo.
-          - Vengo a hacerte compañía.
-          - Ya tengo compañía. – Cameron miró al perro y se echó a reir.
-        -  Me refiero a compañía humana.- Resoplé cerrando la puerta principal y seguidamente sentándome en el sillón que se encontraba al lado izquierdo del sofá.
-         - No cuela Cam, ¿Qué ha pasado?
-       -   Lexie me ha echado de casa, mis padres están de viaje y ella quiere pasar tiempo con ese novio de pacotilla al que tengo por cuñado, ¿tener una hermana para esto?- Reí sin ganas y palmeé la espalda de mi amigo.
-         - Puedes quedarte el tiempo que quieras.

     Cameron se quedó en casa durante dos días, la verdad es que a mí me gustaba que se quedase conmigo, así no me sentía tan sumamente solo y triste, a demás solo él merecía la pena de todos los del grupo, los demás eran falsos, engreídos y puteros, nada que ver con lo agradable. Asique decidí decirle a Cameron que se quedara unos días más, que incluso podía venirse a vivir aquí conmigo, con la condición de que Dilan y Cole no aparecieran nunca por aquí. Él aceptó ilusionado, estaba claro que no se le ocurriría despreciar la invitación ya que deseaba marcharse de casa desde que tenía doce años. Ese mismo lunes, Cameron ya había traído todo su equipaje, que no era poco, mientras yo estaba en la cafetería él se dedicó a colocarlo todo en su sitio. Llegué muy pronto a mi lugar de trabajo para que me diese tiempo a limpiar un poco el local y dejarlo todo en orden antes de abrirlo cara al público. Cuando todo estaba en perfectas condiciones coloqué el cartel de  ‘’abierto’’ y en pocos minutos la cafetería ya estaba repleta de gente, algo muy extraño a esas horas de la mañana. Iba de un lado a otro, llevando y trayendo tazas de café, enormes tostadas, bollería industrial,… cuando alguien apareció por detrás y me tapó los ojos.

-          - Buenos días.- El individuo sin duda era una mujer, por la fina voz y la suave textura de sus manos, y creía saber perfectamente de quien se trataba. Me giré para observarla con una enorme sonrisa cuando todas mis esperanzas cayeron en un pozo sin fondo.
-          - ¿Joan? – No podía ser posible. ¿Qué diablos hacía ella en la ciudad?
-         - Vaya, ¿tanto te alegras de verme? – Sonrió pícaramente, posó su mano sobre mi mejilla y me besó. No sabía cómo reaccionar, Joan y yo estuvimos saliendo durante un largo tiempo hasta que ella se marchó de la ciudad por el divorcio de sus padres, siempre pensé que ella tenía claro lo de nuestra ruptura pero al parecer no era como yo realmente esperaba.
-         - ¿Qué estás haciendo aquí? – La joven colocó su enorme bolso sobre la encimera y cogió asiento frente a mí sin dejar de sonreír.
-        -  Pues ya ves, aquí estoy de nuevo. – No llegaba a entender lo que quería decir ella con lo de ‘aquí estoy de nuevo’ ¿acaso iba a quedarse?- Me vengo a vivir con mi padre.
-        -  ¿Cómo…?
-        -  Bueno, no hace falta que te ilusiones tanto eh. – Me puso mala cara y luego se encogió de hombros mostrando indiferencia pero yo aun no llegaba a asumir la situación.
-         - No, no… Sí que me hace ilusión, solo es que no me lo esperaba así tan repentinamente.- Joan se acercó a mí posando de nuevo sus labios con los míos, luego los separó un poco dejando que se rozaran y susurró.
         - Te veo en el instituto
-

Personajes.


Nathan.













Nicki.










Cole.
                                      Cameron.












Dilan.

Capítulo uno.

      Era una de esas mañanas tranquilas en las que la cafetería estaba desierta y silenciosa, pero de lo más acogedora. El olor a café y a tostada quemada me producía una relajación realmente gustosa. Solo el piar de los gorriones y la brisa fresca que corría por el exterior era lo que se escuchaba en todo el barrio.

      Yo estaba apoyado en la encimera, leyendo una fantástica novela romántica cuando un frío gélido me recorrió la nuca. Alcé la vista y descubrí a una hermosa muchacha de pelo largo, ondulante y color canela, que se acercaba con paso ligero. La observé mientras caminaba, examiné cada parte de su cuerpo. Era bonita, como una gran flor de mayo y alta como el tallo de esta misma.

-                - Buenos días, ¿está abierto?  -   La miré, aún desconcertado por su belleza, y ahí me encontré con sus grandes y hermosos ojos, eran verdes como la hierba y sinceros.
-                - Sí. Disculpa me has pillado adormilado. -  Sonreí avergonzado y ella se echó a reír a la vez que tomaba asiento frente a mí.
-                - No te preocupes, no eres el único que está en las nubes a las siete de la mañana. -  Posó su mochila sobre la encimera y recogió su pelo en una cola de caballo.
-                - ¿Qué te pongo?
-                - Mmm… ¿Qué me ofreces? -  La joven me miró a los ojos, no apartaba la mirada, me observaba fijamente con una pequeña sonrisa dibujada en su rostro hasta que yo, inquieto por la situación, aparté la mirada y solté una risotada nerviosa.
-               - ¿Qué te parece un chocolate caliente? Con este frío seguro que no te viene nada mal.
-               -  Perfecto. -  Seguía sin moverse, mirándome a los ojos, pero en su cara pude ver cansancio, mucho cansancio. No quise parecer indiscreto asique sin mediar palabra me dirigí hacia la cocina.

      Un extraño hormigueo me rondaba el estómago. Sabía que mis sentimientos hacia ella eran fuertes pero aun no podía decir si eran positivos o negativos.

      No me demoré mucho en preparar el chocolate ya que deseaba volver a su lado para poder saber más sobre aquella chica, necesitaba saber su nombre y ver si al escucharlo ese hormigueo aumentaba o disminuía.

-          Aquí traigo un caliente y delicioso chocolate para la señorita. -  Posé el vaso en la encimera, justo en frente de ella. Tenía la boca entreabierta y la mirada perdida, asique no dude en interponerme entre ella y su sueño.
 -          -¿Hola? Tierra llamando a la bella mujer de ojos verdes. -  La muchacha alzó la mirada y sonrió ampliamente.
-          - Perdona, estaba pensando en mis cosas. -  Cogió el chocolate y dio un pequeño sorbo.-  Eh, por cierto, soy Nicki.
-          - Nathan.  –  Ella alargó su mano hacia mí y yo lo agarre suavemente para besarla seguidamente-  Encantado.
-         -  Igualmente. -  Pegó otro sorbo de aquel exquisito chocolate y luego sacó unas monedas de su bolsillo. - - --- ¿Cuánto te debo?
-          - Invita la casa.
-          - No, no quiero aprovecharme. -  Dejó las monedas sobre la encimera y yo, negando con la cabeza, se las devolví.
-         -  Insisto. Déjame invitarte esta vez. -  Resoplo en signo de resignación y rió divertidamente.
-          - De acuerdo, la próxima pago yo.
-          - ¿Me estás pidiendo una cita? -  Nicki se echó a reír y se encogió de hombros.
-          - Quien sabes, tal vez si o tal vez no. -  Tal cual lo dijo se levantó y se marchó, dejando el local frío y solitario.  No tardé mucho en darme cuenta de que la mochila de Nicki seguía posada sobre la encimera de la cafetería, la agarré por una asa y salí corriendo hacia la puerta pero ya era tarde, Nicki ya se había marchado.

     Al salir de trabajar me fui directamente al instituto, con la mochila de Nicki incluida. Estaba agotado ya que había estado todo esa noche trabajando, intentaba ahorrar algo de dinero para poder comprarme una guitarra, asique me pasé las tres primeras horas durmiendo como si ello dependiera mi vida, ganándome un castigo por parte del Señor Márquez, mi querido profesor de historia que me tiene manía por aprobar todos los exámenes a pesar de no atender en clase.

     A la hora del almuerzo me dirigí al comedor dispuesto a seguir con mi siesta en uno de esos fríos y duros bancos en los que nos hacían rompernos el culo. Allí estaban Dilan, el tipo jefe del equipo de futbol, fiestero y mujeriego, Cole, el estúpido del grupo y Cameron, el chico listo y guapo al que todas las chicas persiguen.

-          - Hey tío, ven aquí mamón que tenemos que hablar. -  No había día en el que Dilan no me dijera esas palabras, ahora me contará todas las tías a las que se ligo en la fiesta de anoche. -  ¿Dónde estuviste anoche? Fue una fiesta increíble, no te imaginas todas las pibas a las que me ligue; rubias, morenas, pelirrojas,… De todos los colores.
-         -  Estaba trabajando, te recuerdo que yo intento tener un futuro en mi vida y no tirarme a la primera tía buena que se me cruza por delante. -  Me senté a su lado y solté la mochila de Nicki y la mía encima de la mesa.
-          - ¿Qué insinúas, que no voy a ser nadie en la vida?
-          - Seguramente. -  Por suerte o por desgracia Dilan era uno de esos tíos a los que le da igual su futuro, solo pensaba en las mujeres y en el alcohol. Asique que no tardó mucho sacar el tema de la fiesta y ahí aproveché para escaquearme de la mesa e ir a coger algo que picar.

      Las cosas con los chicos no estaban en su mejor momento. Yo solía ser uno de esos típicos tíos que solo se preocupaban por su físico y por las tías, al igual que Dilan, pero todo eso cambió cuando mi madre murió en un accidente de coche y mi padre se echó al alcohol por el remordimiento que le recorría el cuerpo, el conducía el vehículo. Dilan y Cole se pusieron muy mal conmigo, insistían en que ya no era el mismo, que me estaba volviendo soso y aburrido, y lo peor es que ellos tenían razón. Aunque Cameron nunca me ha juzgado por cambiar tan  radicalmente ya que él vivió una situación parecida,  la actitud que tiene es solo para no pasar desapercibido en el instituto.

   Con tantas cosas que tenía en la cabeza no me di cuenta de que me había dejado las dos mochilas en la mesa, tentando a los chicos a registrarlas, en especial la de Nicki que no les era nada familiar. Me giré para comprobar si nuestro querido cabecilla de grupo estaba fisgoneando en nuestras cosas y en efecto, Dilan estaba sacando todas las cosas de la mochila de Nicki, incluidos sus tampones y su maquillaje. Fui corriendo hacia ellos y Cole no dudó en empezar con su patéticas e insoportables bromas.

-          - Oh Nathan, no sabía que te iba el rollo femenino. ¿Desde cuándo usas tampax compax?
-          - Cállate Cole, ya nadie se ríe de tus estúpidos chistes. –Le quité la mochila a Dilan de las manos seguido de un… – Gilipollas –Recogí todas las cosas y volví a colocarlas en la mochila, me eché ambas al hombro y me fui lejos de aquellos tres insoportables críos.
-         -  Hey, espera –Alguien me agarró del brazo frenando mi rápida caminata, di una vuelta de ciento ochenta grados sobre mí mismo y observé a Cameron que tenía una inmensa cara de preocupación.- Pasa de ellos, se creen los mejores por meterse con la gente, incluso con sus propios amigos.
-          - Sí, lo sé.
-          - ¿Qué te parece si nos damos el piro y vamos a desayunar fuera? – La propuesta era de lo más irresistible, sobre todo si eso implicaba perder de vista a un par de bobos pero aún así dude.- Venga Nate, solo serán un par de horas.
-          - Sí, de puta madre. Vámonos de aquí. – Mi compañero sonrió ampliamente al ver que se salía con la suya y me golpeó el brazo en un gesto amistoso haciendo que diera un par de pasos hacia atrás y consiguiendo que me chocara con alguien.- Oh, joder, lo sien.. –De repente el mundo se iluminó como después de una gran tormenta- Nicki?    –Ella sonrió tímida y se encogió de hombros.
-          - Hola Nathan –La chica sonrió ampliamente y dirigió una corta mirada hacia su mochila de color crema y lustrosos colgantes-
-          - Mm.. te la dejaste en la cafetería. Salí a buscarte pero ya te habías marchado. –Le ofrecí su pesada transportadora de libros y ella la cogió rozando levemente su mano con la mía. Por un momento sentí que un ángel me acariciaba.
-          - Sí, me di cuenta cuando ya estaba lejos y pensaba ir a buscarla mañana por la mañana y ya aprovechar y desayunar contigo. –Cameron no daba crédito, estaba con la boca abierta de par en par y casi babeando. Lo miré de reojo y le golpeé la espinilla con mi talón haciendo que cerrase la boca y se aclarase la garganta.- Iré de todas formas.
-          - Entonces te esperaré. –Ella sonrió y se alejó lentamente hasta perderla de vista.
-          - Menudo pibonazo te has buscado, sí señor. Eso  son curvas y lo demás son tonterías.. –Las palabras de Cameron me sonaban mudas. Me dispuse a caminar y a salir de ese sueño que me eclipsaba.