Joan.
viernes, 13 de enero de 2012
Capitulo dos.
Pasaron varios días
y Nicki no apareció por la cafetería ni por el instituto. Anhelaba su dulce voz
y ese aroma a jazmín que tanto me gustaba. ¿Dónde estaría? El tiempo se hacía
eterno sin su presencia.
Serían las seis de
la tarde cuando salí a pasear junto a mi perro, Jacob. Le encantaba corretear
por el parque asique cada tarde lo llevaba a uno cercano a mi casa. Corría sin
descanso y yo aprovechaba para ensayar con la guitarra, aunque de vez en cuando
se tumbaba cerca de mí para escuchar mis melodías. Yo nunca le prestaba mucha
atención ya que él se divertía y el chasqueo de las hojas a su pasada me
confirmaban que estaba bien. Comencé a tocar la guitarra cerrando los ojos, eso
me ayudaba a concentrarme, me sumergí en mi propio mundo de diferentes
sintonías, fa, sol, mi, la,… Tuve que agudizar el oído para comprobar si Jake
seguía correteando por allí pero un silencio abrumador envolvía el nevado
parque.
- - ¿Jake? – Silencio- Jacob ven – Probé a silbar un
par de veces pero el cachorro no daba señales de vida. Me levanté para echar un vistazo general a mi
alrededor pero nada, no estaba.- ¡Jacob! –Comencé a caminar buscando alguna
pista de su paradero, mirando detrás de cada roca y hallé una posible opción.-
Dios mío. – Un enorme lago abarcaba gran parte del lugar. Estaba congelado, sí,
pero alguna de sus partes estaban rotas. Corrí hacia allí desasiéndome de la
chaqueta, de la sudadera y de los zapatos, me dispuse a saltar al gélido
líquido pero una voz me lo impidió.
- - ¡Nathan no! – Esa voz me era de lo más familiar.
Fina, dulce y muy femenina. Nicki. Giré bruscamente la mirada hacia ella y allí
estaba, relucientemente perfecta y a su lado Jacob. Lo ojos se me llenaron de
lágrimas y por un momento pensé que empezaría a llorar como un bebe de un par
de meses.
- - ¡Jake! Ven – Silbé un par de veces y el joven
perro corrió hacia mí con todas sus fuerzas. Me agaché para abrazarlo y el
saltó sobre mí tirándome al suelo.- ¿Dónde te habías metido granujilla?
–Juguetee durante unos instantes con él y luego me incorporé para mirar a la
muchacha.
- - Siento haberlo entretenido. Lo vi correteando
por ahí y no soporté la tentación de jugar con él.- Sonrió tímidamente y luego
echó una corta ojeada a mi aspecto.- ¿Pensabas saltar a por él?
- - Por supuesto. – Cogí mi ropaje y volví a
vestirme, agradecido por el gran calor que desprendía mi chaqueta.- Es mi
perro. – Ella sonrió ampliamente y se acercó hasta donde yo me encontraba, alzó
una mano y sacudió las hojas secas de mi abrigo. Levanté la vista encontrándome
de lleno con sus ojos, esos grandes y penetrantes ojos verdes, y me quede ahí
quieto observándola, perdiéndome en sus ojos. Ella tampoco hizo nada para acabar con esa situación solo
sonrió, mostrando unos blancos y relucientes dientes que podrían iluminar toda
la ciudad.- ¿Dónde has estado? No te he visto aparecer por el instituto.
- - Nathan.. – Su voz fue interrumpida por el sonido
de un teléfono, el suyo. Cuando miró la pantalla noté como la tristeza invadía
su cuerpo. No contestó, solo mantuvo el aparato en su mano hasta que la llamada
acabó.- Tengo que irme.
- - Pero Nicki, ¿qué pasa? – No obtuve respuesta a
mi pregunta, ella solamente se giró y comenzó a andar, rumbo a nosedonde.
Al caer la noche,
Jacob y yo salimos de aquel blanca, aunque ahora oscuro, parque. Llevábamos
allí toda la tarde y tras el susto que me llevé y la marcha de Nicki, no pude
permanecer más tiempo en aquel lugar.
Durante el camino
fui tatareando una nueva melodía que se me vino a la cabeza la mañana que la
conocí. Sonaba como un canto de sirena, tan dulce y bello como esta misma. No
pude evitar pensar en aquella chica, realmente nunca había sentido nada parecido
por otra persona, no en tan corto tiempo. A penas había tenido tiempo para
mantener una conversación estable con ella, eso era lo que necesitaba, tiempo.
Llegué a casa
después de un largo paseo junto a mi cachorro, tenía las piernas agarrotadas y
los músculos de todo mi cuerpo continuaban contraídos a causa del gélido frio
que hacía en el exterior de mi humilde madriguera. Me dirigí directamente a la
cocina, sentía la necesidad de preparar una deliciosa aunque sana cena. Por
suerte ya no vivía con papa, me marché de esa asquerosa jaula hace apenas un
año, cuando a Eric, mi padre, se le ocurrió abofetearme en una de sus muchas
borracheras. Nunca pensé en denunciarlo, estar solo es mucho peor que vivir el
resto de tu vida entre barrotes. No lo odiaba, tampoco lo quería, solo hacía
como si nunca hubiese existido en mi vida, como si yo hubiera nacido por arte
de magia. Sin embargo, a Lara, mi amada madre, si que la quería y la echaba
mucho en falta, sin ella todo era diferente, triste. Cuando yo era pequeño mama
solía contarme cuentos y cantarme lindas canciones, de ahí mi aspiración hacía
la música, cuando toco la guitarra noto que el mundo cambia, es mejor, mi vida
es mejor. Pero cuando la balada cesa vuelvo a un estúpido mundo sin sentido en
el que yo no pinto nada, un mundo que hubiese sido mejor si yo nunca hubiera
existido.
- - Ya está. – El cuerpo empezaba a pesarme, la
tristeza iba invadiendo todas mis terminaciones nerviosas. Tuve que apoyarme en
la encimera y cerrar los ojos con fuerza para no caer desplomado en el suelo.-
No más cuentos, esto es la vida real.
Las ganas de
cocinar se habían esfumado en cuestión de segundos asique opte por abalancharme
sobre el sofá, encender la televisión y olvidarme de todo por unos instantes.
Jacob estaba tumbado a mis pies durmiendo profundamente y quitándome gran parte
de mi espacio, cuando un extraño ruido lo despertó haciendo que este se pusiera
en pie y caminara hasta la puerta gruñendo.
- - ¿Qué pasa Jake? – Me levanté y caminé tras el
intentando calmarlo. Posé mi ojo sobre la mirilla de la puerta pero no había
nadie, seguí observando en espera de que algo pasara. Nada ocurrió, abandoné la
posición y me dirigí de vuelta al sofá.- Venga Jake, ahí no hay nadie.- De
repente aporrearon la puerta. Noté como el pulso se me aceleraba, ¿quién
diablos sería a las once de la noche?, volvieron a golpear la puerta.
- - ¿Nathan? - No podía ser posible.- Nathan tío,
¿estás ahí?- Me dirigí hacia la puerta y la abrí con gesto resignado.
- - Cameron, ¿Qué coño haces aquí?- Esté se coló en
mi casa dejando unas bolsas sobre la mesa de café y una enorme mochila en el
suelo.
- - Vengo a hacerte compañía.
- - Ya tengo compañía. – Cameron miró al perro y se
echó a reir.
- - Me refiero a compañía humana.- Resoplé cerrando
la puerta principal y seguidamente sentándome en el sillón que se encontraba al
lado izquierdo del sofá.
- - No cuela Cam, ¿Qué ha pasado?
- - Lexie me ha echado de casa, mis padres están de
viaje y ella quiere pasar tiempo con ese novio de pacotilla al que tengo por
cuñado, ¿tener una hermana para esto?- Reí sin ganas y palmeé la espalda de mi
amigo.
- - Puedes quedarte el tiempo que quieras.
Cameron se quedó
en casa durante dos días, la verdad es que a mí me gustaba que se quedase
conmigo, así no me sentía tan sumamente solo y triste, a demás solo él merecía
la pena de todos los del grupo, los demás eran falsos, engreídos y puteros,
nada que ver con lo agradable. Asique decidí decirle a Cameron que se quedara
unos días más, que incluso podía venirse a vivir aquí conmigo, con la condición
de que Dilan y Cole no aparecieran nunca por aquí. Él aceptó ilusionado, estaba
claro que no se le ocurriría despreciar la invitación ya que deseaba marcharse
de casa desde que tenía doce años. Ese mismo lunes, Cameron ya había traído
todo su equipaje, que no era poco, mientras yo estaba en la cafetería él se
dedicó a colocarlo todo en su sitio. Llegué muy pronto a mi lugar de trabajo
para que me diese tiempo a limpiar un poco el local y dejarlo todo en orden
antes de abrirlo cara al público. Cuando todo estaba en perfectas condiciones
coloqué el cartel de ‘’abierto’’ y en
pocos minutos la cafetería ya estaba repleta de gente, algo muy extraño a esas
horas de la mañana. Iba de un lado a otro, llevando y trayendo tazas de café,
enormes tostadas, bollería industrial,… cuando alguien apareció por detrás y me
tapó los ojos.
- - Buenos días.- El individuo sin duda era una
mujer, por la fina voz y la suave textura de sus manos, y creía saber
perfectamente de quien se trataba. Me giré para observarla con una enorme
sonrisa cuando todas mis esperanzas cayeron en un pozo sin fondo.
- - ¿Joan? – No podía ser posible. ¿Qué diablos
hacía ella en la ciudad?
- - Vaya, ¿tanto te alegras de verme? – Sonrió pícaramente,
posó su mano sobre mi mejilla y me besó. No sabía cómo reaccionar, Joan y yo
estuvimos saliendo durante un largo tiempo hasta que ella se marchó de la
ciudad por el divorcio de sus padres, siempre pensé que ella tenía claro lo de
nuestra ruptura pero al parecer no era como yo realmente esperaba.
- - ¿Qué estás haciendo aquí? – La joven colocó su
enorme bolso sobre la encimera y cogió asiento frente a mí sin dejar de
sonreír.
- - Pues ya ves, aquí estoy de nuevo. – No llegaba a
entender lo que quería decir ella con lo de ‘aquí estoy de nuevo’ ¿acaso iba a
quedarse?- Me vengo a vivir con mi padre.
- - ¿Cómo…?
- - Bueno, no hace falta que te ilusiones tanto eh. –
Me puso mala cara y luego se encogió de hombros mostrando indiferencia pero yo
aun no llegaba a asumir la situación.
- - No, no… Sí que me hace ilusión, solo es que no
me lo esperaba así tan repentinamente.- Joan se acercó a mí posando de nuevo
sus labios con los míos, luego los separó un poco dejando que se rozaran y
susurró.
- Te veo
en el instituto
-
Capítulo uno.
Era una de esas mañanas tranquilas en las que la cafetería estaba desierta y silenciosa, pero de lo más acogedora. El olor a café y a tostada quemada me producía una relajación realmente gustosa. Solo el piar de los gorriones y la brisa fresca que corría por el exterior era lo que se escuchaba en todo el barrio.
Yo estaba apoyado en la encimera, leyendo una fantástica novela romántica cuando un frío gélido me recorrió la nuca. Alcé la vista y descubrí a una hermosa muchacha de pelo largo, ondulante y color canela, que se acercaba con paso ligero. La observé mientras caminaba, examiné cada parte de su cuerpo. Era bonita, como una gran flor de mayo y alta como el tallo de esta misma.
- - Buenos días, ¿está abierto? - La miré, aún desconcertado por su belleza, y ahí me encontré con sus grandes y hermosos ojos, eran verdes como la hierba y sinceros.
- - Sí. Disculpa me has pillado adormilado. - Sonreí avergonzado y ella se echó a reír a la vez que tomaba asiento frente a mí.
- - No te preocupes, no eres el único que está en las nubes a las siete de la mañana. - Posó su mochila sobre la encimera y recogió su pelo en una cola de caballo.
- - ¿Qué te pongo?
- - Mmm… ¿Qué me ofreces? - La joven me miró a los ojos, no apartaba la mirada, me observaba fijamente con una pequeña sonrisa dibujada en su rostro hasta que yo, inquieto por la situación, aparté la mirada y solté una risotada nerviosa.
- - ¿Qué te parece un chocolate caliente? Con este frío seguro que no te viene nada mal.
- - Perfecto. - Seguía sin moverse, mirándome a los ojos, pero en su cara pude ver cansancio, mucho cansancio. No quise parecer indiscreto asique sin mediar palabra me dirigí hacia la cocina.
Un extraño hormigueo me rondaba el estómago. Sabía que mis sentimientos hacia ella eran fuertes pero aun no podía decir si eran positivos o negativos.
No me demoré mucho en preparar el chocolate ya que deseaba volver a su lado para poder saber más sobre aquella chica, necesitaba saber su nombre y ver si al escucharlo ese hormigueo aumentaba o disminuía.
- Aquí traigo un caliente y delicioso chocolate para la señorita. - Posé el vaso en la encimera, justo en frente de ella. Tenía la boca entreabierta y la mirada perdida, asique no dude en interponerme entre ella y su sueño.
- -¿Hola? Tierra llamando a la bella mujer de ojos verdes. - La muchacha alzó la mirada y sonrió ampliamente.
- -¿Hola? Tierra llamando a la bella mujer de ojos verdes. - La muchacha alzó la mirada y sonrió ampliamente.
- - Perdona, estaba pensando en mis cosas. - Cogió el chocolate y dio un pequeño sorbo.- Eh, por cierto, soy Nicki.
- - Nathan. – Ella alargó su mano hacia mí y yo lo agarre suavemente para besarla seguidamente- Encantado.
- - Igualmente. - Pegó otro sorbo de aquel exquisito chocolate y luego sacó unas monedas de su bolsillo. - - --- ¿Cuánto te debo?
- - Invita la casa.
- - No, no quiero aprovecharme. - Dejó las monedas sobre la encimera y yo, negando con la cabeza, se las devolví.
- - Insisto. Déjame invitarte esta vez. - Resoplo en signo de resignación y rió divertidamente.
- - De acuerdo, la próxima pago yo.
- - ¿Me estás pidiendo una cita? - Nicki se echó a reír y se encogió de hombros.
- - Quien sabes, tal vez si o tal vez no. - Tal cual lo dijo se levantó y se marchó, dejando el local frío y solitario. No tardé mucho en darme cuenta de que la mochila de Nicki seguía posada sobre la encimera de la cafetería, la agarré por una asa y salí corriendo hacia la puerta pero ya era tarde, Nicki ya se había marchado.
Al salir de trabajar me fui directamente al instituto, con la mochila de Nicki incluida. Estaba agotado ya que había estado todo esa noche trabajando, intentaba ahorrar algo de dinero para poder comprarme una guitarra, asique me pasé las tres primeras horas durmiendo como si ello dependiera mi vida, ganándome un castigo por parte del Señor Márquez, mi querido profesor de historia que me tiene manía por aprobar todos los exámenes a pesar de no atender en clase.
A la hora del almuerzo me dirigí al comedor dispuesto a seguir con mi siesta en uno de esos fríos y duros bancos en los que nos hacían rompernos el culo. Allí estaban Dilan, el tipo jefe del equipo de futbol, fiestero y mujeriego, Cole, el estúpido del grupo y Cameron, el chico listo y guapo al que todas las chicas persiguen.
- - Hey tío, ven aquí mamón que tenemos que hablar. - No había día en el que Dilan no me dijera esas palabras, ahora me contará todas las tías a las que se ligo en la fiesta de anoche. - ¿Dónde estuviste anoche? Fue una fiesta increíble, no te imaginas todas las pibas a las que me ligue; rubias, morenas, pelirrojas,… De todos los colores.
- - Estaba trabajando, te recuerdo que yo intento tener un futuro en mi vida y no tirarme a la primera tía buena que se me cruza por delante. - Me senté a su lado y solté la mochila de Nicki y la mía encima de la mesa.
- - ¿Qué insinúas, que no voy a ser nadie en la vida?
- - Seguramente. - Por suerte o por desgracia Dilan era uno de esos tíos a los que le da igual su futuro, solo pensaba en las mujeres y en el alcohol. Asique que no tardó mucho sacar el tema de la fiesta y ahí aproveché para escaquearme de la mesa e ir a coger algo que picar.
Las cosas con los chicos no estaban en su mejor momento. Yo solía ser uno de esos típicos tíos que solo se preocupaban por su físico y por las tías, al igual que Dilan, pero todo eso cambió cuando mi madre murió en un accidente de coche y mi padre se echó al alcohol por el remordimiento que le recorría el cuerpo, el conducía el vehículo. Dilan y Cole se pusieron muy mal conmigo, insistían en que ya no era el mismo, que me estaba volviendo soso y aburrido, y lo peor es que ellos tenían razón. Aunque Cameron nunca me ha juzgado por cambiar tan radicalmente ya que él vivió una situación parecida, la actitud que tiene es solo para no pasar desapercibido en el instituto.
Con tantas cosas que tenía en la cabeza no me di cuenta de que me había dejado las dos mochilas en la mesa, tentando a los chicos a registrarlas, en especial la de Nicki que no les era nada familiar. Me giré para comprobar si nuestro querido cabecilla de grupo estaba fisgoneando en nuestras cosas y en efecto, Dilan estaba sacando todas las cosas de la mochila de Nicki, incluidos sus tampones y su maquillaje. Fui corriendo hacia ellos y Cole no dudó en empezar con su patéticas e insoportables bromas.
- - Oh Nathan, no sabía que te iba el rollo femenino. ¿Desde cuándo usas tampax compax?
- - Cállate Cole, ya nadie se ríe de tus estúpidos chistes. –Le quité la mochila a Dilan de las manos seguido de un… – Gilipollas –Recogí todas las cosas y volví a colocarlas en la mochila, me eché ambas al hombro y me fui lejos de aquellos tres insoportables críos.
- - Hey, espera –Alguien me agarró del brazo frenando mi rápida caminata, di una vuelta de ciento ochenta grados sobre mí mismo y observé a Cameron que tenía una inmensa cara de preocupación.- Pasa de ellos, se creen los mejores por meterse con la gente, incluso con sus propios amigos.
- - Sí, lo sé.
- - ¿Qué te parece si nos damos el piro y vamos a desayunar fuera? – La propuesta era de lo más irresistible, sobre todo si eso implicaba perder de vista a un par de bobos pero aún así dude.- Venga Nate, solo serán un par de horas.
- - Sí, de puta madre. Vámonos de aquí. – Mi compañero sonrió ampliamente al ver que se salía con la suya y me golpeó el brazo en un gesto amistoso haciendo que diera un par de pasos hacia atrás y consiguiendo que me chocara con alguien.- Oh, joder, lo sien.. –De repente el mundo se iluminó como después de una gran tormenta- Nicki? –Ella sonrió tímida y se encogió de hombros.
- - Hola Nathan –La chica sonrió ampliamente y dirigió una corta mirada hacia su mochila de color crema y lustrosos colgantes-
- - Mm.. te la dejaste en la cafetería. Salí a buscarte pero ya te habías marchado. –Le ofrecí su pesada transportadora de libros y ella la cogió rozando levemente su mano con la mía. Por un momento sentí que un ángel me acariciaba.
- - Sí, me di cuenta cuando ya estaba lejos y pensaba ir a buscarla mañana por la mañana y ya aprovechar y desayunar contigo. –Cameron no daba crédito, estaba con la boca abierta de par en par y casi babeando. Lo miré de reojo y le golpeé la espinilla con mi talón haciendo que cerrase la boca y se aclarase la garganta.- Iré de todas formas.
- - Entonces te esperaré. –Ella sonrió y se alejó lentamente hasta perderla de vista.
- - Menudo pibonazo te has buscado, sí señor. Eso son curvas y lo demás son tonterías.. –Las palabras de Cameron me sonaban mudas. Me dispuse a caminar y a salir de ese sueño que me eclipsaba.
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