Era una de esas mañanas tranquilas en las que la cafetería estaba desierta y silenciosa, pero de lo más acogedora. El olor a café y a tostada quemada me producía una relajación realmente gustosa. Solo el piar de los gorriones y la brisa fresca que corría por el exterior era lo que se escuchaba en todo el barrio.
Yo estaba apoyado en la encimera, leyendo una fantástica novela romántica cuando un frío gélido me recorrió la nuca. Alcé la vista y descubrí a una hermosa muchacha de pelo largo, ondulante y color canela, que se acercaba con paso ligero. La observé mientras caminaba, examiné cada parte de su cuerpo. Era bonita, como una gran flor de mayo y alta como el tallo de esta misma.
- - Buenos días, ¿está abierto? - La miré, aún desconcertado por su belleza, y ahí me encontré con sus grandes y hermosos ojos, eran verdes como la hierba y sinceros.
- - Sí. Disculpa me has pillado adormilado. - Sonreí avergonzado y ella se echó a reír a la vez que tomaba asiento frente a mí.
- - No te preocupes, no eres el único que está en las nubes a las siete de la mañana. - Posó su mochila sobre la encimera y recogió su pelo en una cola de caballo.
- - ¿Qué te pongo?
- - Mmm… ¿Qué me ofreces? - La joven me miró a los ojos, no apartaba la mirada, me observaba fijamente con una pequeña sonrisa dibujada en su rostro hasta que yo, inquieto por la situación, aparté la mirada y solté una risotada nerviosa.
- - ¿Qué te parece un chocolate caliente? Con este frío seguro que no te viene nada mal.
- - Perfecto. - Seguía sin moverse, mirándome a los ojos, pero en su cara pude ver cansancio, mucho cansancio. No quise parecer indiscreto asique sin mediar palabra me dirigí hacia la cocina.
Un extraño hormigueo me rondaba el estómago. Sabía que mis sentimientos hacia ella eran fuertes pero aun no podía decir si eran positivos o negativos.
No me demoré mucho en preparar el chocolate ya que deseaba volver a su lado para poder saber más sobre aquella chica, necesitaba saber su nombre y ver si al escucharlo ese hormigueo aumentaba o disminuía.
- Aquí traigo un caliente y delicioso chocolate para la señorita. - Posé el vaso en la encimera, justo en frente de ella. Tenía la boca entreabierta y la mirada perdida, asique no dude en interponerme entre ella y su sueño.
- -¿Hola? Tierra llamando a la bella mujer de ojos verdes. - La muchacha alzó la mirada y sonrió ampliamente.
- -¿Hola? Tierra llamando a la bella mujer de ojos verdes. - La muchacha alzó la mirada y sonrió ampliamente.
- - Perdona, estaba pensando en mis cosas. - Cogió el chocolate y dio un pequeño sorbo.- Eh, por cierto, soy Nicki.
- - Nathan. – Ella alargó su mano hacia mí y yo lo agarre suavemente para besarla seguidamente- Encantado.
- - Igualmente. - Pegó otro sorbo de aquel exquisito chocolate y luego sacó unas monedas de su bolsillo. - - --- ¿Cuánto te debo?
- - Invita la casa.
- - No, no quiero aprovecharme. - Dejó las monedas sobre la encimera y yo, negando con la cabeza, se las devolví.
- - Insisto. Déjame invitarte esta vez. - Resoplo en signo de resignación y rió divertidamente.
- - De acuerdo, la próxima pago yo.
- - ¿Me estás pidiendo una cita? - Nicki se echó a reír y se encogió de hombros.
- - Quien sabes, tal vez si o tal vez no. - Tal cual lo dijo se levantó y se marchó, dejando el local frío y solitario. No tardé mucho en darme cuenta de que la mochila de Nicki seguía posada sobre la encimera de la cafetería, la agarré por una asa y salí corriendo hacia la puerta pero ya era tarde, Nicki ya se había marchado.
Al salir de trabajar me fui directamente al instituto, con la mochila de Nicki incluida. Estaba agotado ya que había estado todo esa noche trabajando, intentaba ahorrar algo de dinero para poder comprarme una guitarra, asique me pasé las tres primeras horas durmiendo como si ello dependiera mi vida, ganándome un castigo por parte del Señor Márquez, mi querido profesor de historia que me tiene manía por aprobar todos los exámenes a pesar de no atender en clase.
A la hora del almuerzo me dirigí al comedor dispuesto a seguir con mi siesta en uno de esos fríos y duros bancos en los que nos hacían rompernos el culo. Allí estaban Dilan, el tipo jefe del equipo de futbol, fiestero y mujeriego, Cole, el estúpido del grupo y Cameron, el chico listo y guapo al que todas las chicas persiguen.
- - Hey tío, ven aquí mamón que tenemos que hablar. - No había día en el que Dilan no me dijera esas palabras, ahora me contará todas las tías a las que se ligo en la fiesta de anoche. - ¿Dónde estuviste anoche? Fue una fiesta increíble, no te imaginas todas las pibas a las que me ligue; rubias, morenas, pelirrojas,… De todos los colores.
- - Estaba trabajando, te recuerdo que yo intento tener un futuro en mi vida y no tirarme a la primera tía buena que se me cruza por delante. - Me senté a su lado y solté la mochila de Nicki y la mía encima de la mesa.
- - ¿Qué insinúas, que no voy a ser nadie en la vida?
- - Seguramente. - Por suerte o por desgracia Dilan era uno de esos tíos a los que le da igual su futuro, solo pensaba en las mujeres y en el alcohol. Asique que no tardó mucho sacar el tema de la fiesta y ahí aproveché para escaquearme de la mesa e ir a coger algo que picar.
Las cosas con los chicos no estaban en su mejor momento. Yo solía ser uno de esos típicos tíos que solo se preocupaban por su físico y por las tías, al igual que Dilan, pero todo eso cambió cuando mi madre murió en un accidente de coche y mi padre se echó al alcohol por el remordimiento que le recorría el cuerpo, el conducía el vehículo. Dilan y Cole se pusieron muy mal conmigo, insistían en que ya no era el mismo, que me estaba volviendo soso y aburrido, y lo peor es que ellos tenían razón. Aunque Cameron nunca me ha juzgado por cambiar tan radicalmente ya que él vivió una situación parecida, la actitud que tiene es solo para no pasar desapercibido en el instituto.
Con tantas cosas que tenía en la cabeza no me di cuenta de que me había dejado las dos mochilas en la mesa, tentando a los chicos a registrarlas, en especial la de Nicki que no les era nada familiar. Me giré para comprobar si nuestro querido cabecilla de grupo estaba fisgoneando en nuestras cosas y en efecto, Dilan estaba sacando todas las cosas de la mochila de Nicki, incluidos sus tampones y su maquillaje. Fui corriendo hacia ellos y Cole no dudó en empezar con su patéticas e insoportables bromas.
- - Oh Nathan, no sabía que te iba el rollo femenino. ¿Desde cuándo usas tampax compax?
- - Cállate Cole, ya nadie se ríe de tus estúpidos chistes. –Le quité la mochila a Dilan de las manos seguido de un… – Gilipollas –Recogí todas las cosas y volví a colocarlas en la mochila, me eché ambas al hombro y me fui lejos de aquellos tres insoportables críos.
- - Hey, espera –Alguien me agarró del brazo frenando mi rápida caminata, di una vuelta de ciento ochenta grados sobre mí mismo y observé a Cameron que tenía una inmensa cara de preocupación.- Pasa de ellos, se creen los mejores por meterse con la gente, incluso con sus propios amigos.
- - Sí, lo sé.
- - ¿Qué te parece si nos damos el piro y vamos a desayunar fuera? – La propuesta era de lo más irresistible, sobre todo si eso implicaba perder de vista a un par de bobos pero aún así dude.- Venga Nate, solo serán un par de horas.
- - Sí, de puta madre. Vámonos de aquí. – Mi compañero sonrió ampliamente al ver que se salía con la suya y me golpeó el brazo en un gesto amistoso haciendo que diera un par de pasos hacia atrás y consiguiendo que me chocara con alguien.- Oh, joder, lo sien.. –De repente el mundo se iluminó como después de una gran tormenta- Nicki? –Ella sonrió tímida y se encogió de hombros.
- - Hola Nathan –La chica sonrió ampliamente y dirigió una corta mirada hacia su mochila de color crema y lustrosos colgantes-
- - Mm.. te la dejaste en la cafetería. Salí a buscarte pero ya te habías marchado. –Le ofrecí su pesada transportadora de libros y ella la cogió rozando levemente su mano con la mía. Por un momento sentí que un ángel me acariciaba.
- - Sí, me di cuenta cuando ya estaba lejos y pensaba ir a buscarla mañana por la mañana y ya aprovechar y desayunar contigo. –Cameron no daba crédito, estaba con la boca abierta de par en par y casi babeando. Lo miré de reojo y le golpeé la espinilla con mi talón haciendo que cerrase la boca y se aclarase la garganta.- Iré de todas formas.
- - Entonces te esperaré. –Ella sonrió y se alejó lentamente hasta perderla de vista.
- - Menudo pibonazo te has buscado, sí señor. Eso son curvas y lo demás son tonterías.. –Las palabras de Cameron me sonaban mudas. Me dispuse a caminar y a salir de ese sueño que me eclipsaba.
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