Salí de la
cafetería a las ocho y media de la mañana, después del reencuentro con Joan las
ganas de asistir a las clases se habían esfumado asique cogí mi mochila y me
marché directo a casa. Durante todo el camino fui preguntándome porque la
muchacha había optado por volver con su padre, al parecer algo le habría tenido
que pasar con la Sra. Wilson, su encantadora madre. En cierto modo, cuando Joan
se marchó pensé que no podría seguir hacia delante, ella era mi único apoyo en
la vida y se me estaba marchando, creí que la echaría en falta a cada segundo
del día pero conforme pasaron los días me percaté de que estaba equivocado, en
ningún momento la estimé, sus besos, sus abrazos, su apoyo,… nada. Nunca recibí
una llamada suya, tampoco la deseaba pero sí la esperaba. Habíamos sido pareja
durante un largo tiempo, y un mensaje de texto tampoco habría estado nada mal
para no perder el contacto, como nos había pasado.
Llegué al
edificio en cuestión de minutos, la cafetería se encontraba a tan solo dos
manzanas de mi hogar. Monté en el ascensor camino del tercer piso, nunca solía
cogerlo pero aquel día nadie estaba en su sano juicio, cuando las puertas de
este se abrieron de par en par quedé perplejo al descubrir que Nicki se
encontraba en el rellano, esperando. Estaba nervioso, las manos me empezaron a
sudar y mis piernas temblaban de tal forma que a duras penas podía caminar.
Ella pareció percatarse de mi presencia y se giró para observarme, sonrió de
tal forma que sentí que las cuerdas del montacargas se partirían y que yo
caería en un oscuro y vacío túnel.
-Hola. -Dijo con su dulce voz.
-Hola Nicki, ¿qué haces... -Y entonces ella me interrumpió con voz ronca.
-Lo siento, yo... No debería de haber venido.-Agachó la cabeza y comenzó a andar hacia la escalera. La agarré de la mano interrumpiendo su huida y con un suspiro se echó a mis brazos ahogándose en un mar de lágrimas.
El corazón me dio un vuelvo y la abracé con tanta fuerza, aunque a su vez con tanta suavidad, que creí asfixiarla, pero no, ella me agarraba con más fuerza hundiendo su cara en mi cuello. No llegaba a entender el por qué de tanto llanto pero no pregunté, solo seguí dándole lo que ella en ese momento necesitaba, compañía.
Tras unos minutos se separó apenas tres centímetros de mí y me miró a los ojos con sus delicadas mejillas sonrojadas, no dijo nada, tan solo sonrió.
*
Pasado ese hermoso momento, Nicki y yo entramos en mi pequeño apartamento para refugiarnos del frío. Allí estaba Jacob esperándonos, moviendo el rabo de un lado a otro y saltando sobre ella.
-Hola Jake.-Dijo con voz juguetona mientras reía y acariciaba su lomo.-Tienes un perro precioso, ¿sabes?
-Sí, es lo más bonito que tengo.-Me puse en cuclillas frente al cachorro y de un empujón me tiró al suelo. Nicki se echó a reír mirándome y yo, vengativo, tiré de su brazo haciendo que callese sobre mí.
-¡Eh! Yo no he sido la que te ha tirado.-Dijo entre risas.
-Pero te has reído, eres cómplice.-Me miró sacando la lengua y seguidamente me mordió en la punta de la nariz.
-Te lo mereces.
-Ahora verás...-Comencé a hacerle cosquilla y para mi sorpresa ella ni se inmutó, tan solo me miró alzando su ceja izquierda.
-Has fallado.-Se rió malvadamente y metió sus manos gélidas bajo mi camiseta haciéndome gritar, me aparté de un salto y ella, riendo, rodó por el suelo de madera hacia mí.- ¿Están fresquitas?
-Eres mala, muy mala.-La miré mal pero no pude evitar echarme a reír.
Pronto llegó la hora del almuerzo y tras mucho insistir conseguí convencer a Nicki para que se quedase a dormir. Apenas acababa de empezar a cocinar cuando tocaron a la puerta.
-Yo abro.-Dijo Nicki dirigiéndose hacia la puerta principal. Al abrir se encontró de cara a Cameron que se encontraba con los ojos cerrados, bailando en el rellano y con los cascos puestos.
-¡Qué pasa tiiii..!-Al abrir los ojos y verla a ella se quedo quieto, con la boca abierta y el puño en alto.- Hostia, una tía.
-Nicki, si no te importa.
-Cameron.-Cogió su mano y la besó inclinándose exageradamente.- A su disposición señorita.
-Tío no la intimides, pareces un psicópata.-Ella rió melodiosamente mirando a mi compañero a los ojos.
-¿Qué pasa?¿Te da envidia?-Se acercó y golpeó mi hombro con su puño riendo.
-Callate.-Cogí un puñado de harina y lo lancé a su cara. El comenzó a toser y corrió hacia el baño gritando.
-¡Capullo!-Nicki se echó a reír y se acercó a mí sonriente.
-No tienes remedio.-Susurro a mi oído y seguidamente beso lentamente mi mejilla.
Nos miramos fijamente durante un instante y algo se movió dentro de mí. Esos ojos tan bellos y profundos decían tanto y a la vez tan poco. La tentación pudo conmigo y agarrando suavemente su barbilla con dos de mis dedos, la besé. Ella se agarró a mi camiseta pegando su cuerpo al mío besándome intensamente, como nunca nadie lo había hecho. Quería abrazarla, hacerla mía y que nada ni nadie la quitase de mis brazos jamás.
-Bueno, no os preocupéis por mí eh.-Nicki separó sus labios de los míos sonreidno y ambos miramos a Cameron que se encontraba acomodado en el sofá de cuero frente al televisor.
-Eres un pervertido.-Rió encendiendo la televisión y acarició a Jake.
-Lo sé.
*
Entre unas cosas y otras la noche calló. Llevábamos horas tumbados en el sofá viendo películas antiguas y comiendo palomitas. Cameron se había marchado a casa de Dylan junto a Cole a beber cerveza y a fumar, hace apenas un año yo me habría ido con ellos sin pensarlo dos veces a colocarme, a olvidarme del mundo, a llamar a tías y a acostarme con ellas pero ya no, lo que hacían me parecía repugnante y desagradable, al igual que lo hubiese hecho yo anteriormente. Ya me sentía bien conmigo mismo, hacer lo que realmente me gustaba y me apetecía, sin pretender aparentar lo que nunca he sido.
-¿En qué piensas?-Dijo Nicki dulcemente entrelazando los dedos de nuestras manos.
-En el pasado, en el presente...-Posé mis labios sobre su frente y susurré.-En el futuro.
-¿Y cuál de esos es el que te tiene tan preocupado?
-Ninguno.-Sonreí mirándola a los ojos y ella, acercándose, me besó.
Ese momento era perfecto, la quería para mí y para nadie más. En un movimiento ágil se sentó sobre mi regazo pegando su pecho al mío, fundiéndonos en un beso. Las yemas de sus dedos se deslizaban por mi cuerpo, ansiosas por más. Tímidamente comencé a acariciarla, seguidamente sentí como su respiración se agitaba, sus manos se descontrolaban y sus labios engullían los míos. Nuestros cuerpos acabaron desnudos, incandescentes, deseosos y sin más, sucedió.
No existía ella.
No existía yo.
Eramos una sola personas, un nosotros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario